Finalizada la gira por Oceanía con saldo de una victoria y una derrota, en Boca parecen asomar vestigios de un pasado no tan lejano y ajeno al club, en donde lo que sucedía fuera de la cancha estaba por de la malaria deportiva del equipo. Obviamente todo éste run run tiene nombres propios: Juan Román Riquelme y la dirigencia.
Los dimes y diretes de la tan prolongada renovación de contrato del astro boquense no hacen más que desvíar la noticia de lo que en realidad debe importar hoy en el “Mundo Boca”: el armado de un nuevo equipo. No es para nada favorable que aún se estén discutiendo estos asuntos a tan poco de comenzar el Torneo Apertura (torneo que Boca deberá pelear bien arriba), con un nuevo cuerpo técnico y con unos cuantos refuerzos de categoría que vestirán la camiseta más pesada del país por primera vez, con todo lo que eso significa.
Las partes involucradas en la resolución de la extensión del contrato son culpables por igual. Los dirigentes por haber dilatado una decisión que no tenía más que dos respuestas: O se renueva o se deja libre al jugador…de hecho lo dejaron libre ya que su contrato venció el 30 de junio. Ahora, con la soga al cuello por la presión de una parte de la dirigencia que sí quiere que el jugador continúe y otra que se niega a que pise la Bombonera, más la voz de los hinchas que organizan marchas semana a semana pidiendo por la permanencia de Riquelme, el presidente Jorge Amor Ameal se encuentra entre la espada y la pared. El último viernes, en conferencia de prensa, el primer mandatario de la institución xeneize declaró que a Riquelme “le han hecho una muy pero muy importante oferta”, cerrando de alguna manera la discusión y pasándole la pelota al enganche.
Por el lado de Riquelme sus culpas radican en sus caprichos y en sus hábiles tácticas para convencer a propios y extraños de que la dirigencia debe renovarle con las condiciones que él exige. Esas estrategias consisten en organizar movidas de prensa, confrontar con periodistas que no le dan la razón y hasta involucrar a Claudio Borghi al decir que él dijo que su continuidad ya estaba resuelta.
Entre todo este barullo se encuentra la institución, un club, quizás el más grande y popular del país, hinchas fervorosos que no desean más que esta situación tenga final feliz y que Boca, de una buena vez, presente un equipo competitivo que haga olvidar los malos resultados del pasado.
por Claudio Martín Aiuto